Hoy será difícil.
Las veo ordenarse a mí alrededor, reunir sus ejércitos, ponerse en forma, mientras me termino este café y miro el reloj.
—Quince minutos.
2.480 hijas de puta me miran confiadas, mientras 20 apuestan por mí. Están ahí, preparándose, ocultas en la oscuridad, esperando algún descuido. Miro por la ventana y cantan victoria. Enciendo un cigarrillo y creen que han ganado.
—Tranquilas, tranquilas señoritas. Esto aún no empieza —Les digo, mientras prendo el hervidor.
—¿Quién te crees que eres? —Gritan ellas— ¡No tienes nada!
—Bien, bien —Intento calmarlas—. No tengo nada, no soy nadie. Como quieran.
—Ni siquiera tienes un plan, no sabes lo que haces.
—No tengo un plan ni sé lo que hago, está bien.
Me siento entre ellas, y dejo correr los dedos sobre el teclado. Sólo un momento, solo para practicar un poco, pero recuerdo que no necesito hacerlo, y me pongo a trabajar.
Unas horas después, están acabadas. A favor y en contra, 2.500 cadáveres sobre un Word, y algunas más por si quedara alguna duda.
Es mi turno de cantar victoria, y creer que ya he ganado.



